El momento en que las primeras palabras brotan, no es un acto de voluntad, sino una rendición. Es mi corazón el que toma la pluma, y mi mente solo se convierte en su humilde escriba. Escribir un poema desde esta profundidad es despojarme de mi armadura cotidiana y exponer mi núcleo vibrante de mi propia existencia.
Mi sentir, al nacer en esa hondura, es puro destilado
de mi verdad interior. Es la voz de mi espíritu que, por fin,
encuentra un cauce para manifestar aquello que mi razón no puede
nombrar. Cada verso es una fisura en mis silencios, mi latido que
resuena, primero, en mi soledad sagrada del folio en blanco, y luego,
lo lanzo a la inmensidad.
Cuando mis palabras "quieren llegar a todo el
universo", no es una ambición de fama o reconocimiento. Es mi necesidad metafísica de que esa porción de mi alma –mi alegría,
mi dolor, mi asombro, mi poesía– encuentren mi eco. Mi poema se convierte en
un mensajero interestelar:
En lo personal: Escribir poemas, pensamientos, sentimientos, reflexiones y todo lo que mi corazón me dicta, es un acto de liberación, es mi forma de entender y ordenar mi caos interno, de convertir mi experiencia efímera en un monumento verbal.
En lo universal: Mi voz, al escribir, es una partícula de conciencia que se adhiere a la gran red del sentir colectivo. Sabes que mi verdad es, de alguna forma, la verdad de muchos. Mis poemas viajan en el tiempo y el espacio buscando almas gemelas que están esperando, en cualquier parte del universo a la persona que necesita exactamente leer lo que escribo para nombrar su propio silencio.
La belleza de este proceso reside en mi desprendimiento final. Al terminar el poema, dejo de ser su dueño. Lo libero, como un barco de papel en un río, sabiendo que su destino ya no me pertenece. Ha cumplido su misión conmigo al ser escrito, y ahora, tiene una nueva misión en el mundo: resonar, consolar, iluminar o simplemente ser el espejo de otro corazón, navegando hasta el rincón más inesperado del universo, justo donde necesita posarse.
Es, en esencia, un acto de fe. Fe en la palabra, fe
en el espíritu, y fe en la profunda conexión invisible que une mi
corazón al inmenso e infinito corazón del cosmos y del universo.
César Augusto Soto Fajardo
elpoema@gmail.com
Morelia, Michoacán, México
Sábado, 11 de Octubre de 2025