sábado, 11 de octubre de 2025

La Aurora Íntima de Cada Verso

Cada mañana, al tomar la pluma, inicio un acto de creación, tan puro y esencial como el amanecer mismo. No es solo mi tinta buscando el papel, sino mi alma abriendo sus hojas en blanco a la primera luz, la misma que enciende la aurora en el cielo. Es la gestación de una "aurora poética", una luz interna que rompe la oscuridad del silencio y comienza a dar forma a mi sentir.


En este rito diario, mi entrega es absoluta: busco volcar en mi página no solo palabras, sino la esencia de todo mi ser, ese "todo de mi" que palpita en mi voz. Es una voz que, con humildad y ambición, anhela dejar de ser un mero sonido para convertirse en eco; no solo reverberar en la distancia, sino replicar el sentir en el pecho ajeno.


Mi deseo es monumental: que mis versos, estas chispas de aurora matinal, no se queden en la superficie, sino que penetren hasta el corazón de cada universo, de cada mundo, de cada corazón, de cada latido. Porque cada lector es un cosmos, un misterio de experiencias y emociones. Y mi poesía, al nacer, busca la ruta secreta hacia ese centro, actuando como un faro que ilumina la soledad y la conecta en cada rincón del Universo, hasta donde quiera llegar.


Al buscar “ser” cada uno de mis versos "formados en la inmensidad de mi universo, de mi corazón y de mi todo", aspiro a la eternidad y a la pertenencia. El universo es inmenso e infinito, pero la poesía es el puente que lo humaniza. Mis palabras quieren ser la partícula de significado que detiene la inercia cósmica y dice: "Aquí estamos, sentimos juntos."


Esta labor es un acto de profunda unidad. Cada poema es un hilo de luz que se teje en el gran milagro de la existencia, uniendo lo invisible: uniendo corazones, uniendo sentires. La aurora de mi pluma no es solo bella por el brillo que irradia al nacer, sino por la comunión que promete, por la certeza de que, a través del arte, nadie está verdaderamente solo. Es la promesa de que esa voz, que se da completa cada mañana, se convertirá en la respiración compartida de la humanidad.


César Augusto Soto Fajardo

elpoema@gmail.com

Morelia, Michoacán, México

Sábado, 11 de Octubre de 2025




La Travesía de mi Sentir en la Creación Poética

El momento en que las primeras palabras brotan, no es un acto de voluntad, sino una rendición. Es mi corazón el que toma la pluma, y mi mente solo se convierte en su humilde escriba. Escribir un poema desde esta profundidad es despojarme de mi armadura cotidiana y exponer mi núcleo vibrante de mi propia existencia.


Mi sentir, al nacer en esa hondura, es puro destilado de mi verdad interior. Es la voz de mi espíritu que, por fin, encuentra un cauce para manifestar aquello que mi razón no puede nombrar. Cada verso es una fisura en mis silencios, mi latido que resuena, primero, en mi soledad sagrada del folio en blanco, y luego, lo lanzo a la inmensidad.


Cuando mis palabras "quieren llegar a todo el universo", no es una ambición de fama o reconocimiento. Es mi necesidad metafísica de que esa porción de mi alma –mi alegría, mi dolor, mi asombro, mi poesía– encuentren mi eco. Mi poema se convierte en un mensajero interestelar:


  • En lo personal: Escribir poemas, pensamientos, sentimientos, reflexiones y todo lo que mi corazón me dicta, es un acto de liberación, es mi forma de entender y ordenar mi caos interno, de convertir mi experiencia efímera en un monumento verbal.

  • En lo universal: Mi voz, al escribir, es una partícula de conciencia que se adhiere a la gran red del sentir colectivo. Sabes que mi verdad es, de alguna forma, la verdad de muchos. Mis poemas viajan en el tiempo y el espacio buscando almas gemelas que están esperando, en cualquier parte del universo a la persona que necesita exactamente leer lo que escribo para nombrar su propio silencio.


La belleza de este proceso reside en mi desprendimiento final. Al terminar el poema, dejo de ser su dueño. Lo libero, como un barco de papel en un río, sabiendo que su destino ya no me pertenece. Ha cumplido su misión conmigo al ser escrito, y ahora, tiene una nueva misión en el mundo: resonar, consolar, iluminar o simplemente ser el espejo de otro corazón, navegando hasta el rincón más inesperado del universo, justo donde necesita posarse.


Es, en esencia, un acto de fe. Fe en la palabra, fe en el espíritu, y fe en la profunda conexión invisible que une mi corazón al inmenso e infinito corazón del cosmos y del universo.


César Augusto Soto Fajardo

elpoema@gmail.com

Morelia, Michoacán, México

Sábado, 11 de Octubre de 2025








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